
Hace unas semanas hablábamos de cómo el calor extremo afecta a las personas mayores, y de los protocolos que activamos en Santa Justa para protegerlas. Hoy queremos hablar de algo que forma parte de ese conjunto de medidas: nuestro jardín.
El “Jardín de las Emociones” de Santa Justa cuenta con 1.130 metros cuadrados, un espacio exterior en el que encontramos sombra, bajo los árboles que llevan años creciendo, en pleno centro de Logroño. Es nuestro particular refugio climático.
Hace diez años plantamos los primeros árboles de este jardín pensando, entre otras cosas, en el verano que hoy nos protege. Un roble, un plátano de sombra o un carpe no dan sombra útil el año en que se plantan: la dan una década después, cuando la copa ha crecido lo suficiente para cubrir un banco entero. Eso es lo que tenemos ahora, y es algo que no se puede comprar ni construir de golpe. Se planifica, se mantiene, se cultiva.
Sabemos que las personas mayores regulan peor la temperatura corporal, y muchas veces no perciben la sed o el calor con la misma claridad que antes. Por eso, en Santa Justa, poder disfrutar con un residente en al exterior en pleno verano (un poco de aire, un cambio de espacio, un poco de luz natural, …) sin que eso suponga un riesgo, es parte del cuidado. No es un capricho ni un lujo estético. Es una decisión de bienestar tan real como cualquier protocolo médico.
El jardín, con sus árboles de gran porte, genera un microclima sensiblemente más fresco que el resto del entorno urbano. Y eso, en pleno verano, marca una diferencia fácilmente perceptible.
Más allá de nuestro orgullo por contar con un espacio exterior bonito y colorido, lo que de verdad nos importa es si este espacio protege a quien lo usa: si tiene sombra suficiente, si el suelo es seguro para caminar o ir en silla de ruedas, si está pensado para que una persona mayor pueda estar fuera un buen rato sin que suponga un riesgo para ella. Eso no se improvisa, y no siempre se ve a simple vista.
En Santa Justa preferimos que el jardín hable por sí solo: con la sombra que dan árboles de verdad, con los residentes que salen a pasear en pleno verano buscando un poco de sombra y un pequeño respiro, con las familias que charlan animadamente con sus personas queridas en un banco.
El Jardín de las Emociones no es una zona decorativa alrededor de casa. Es un espacio de 1.130 m² diseñado para vivirse: para pasear, para sentarse a la sombra, para que las familias que vienen de visita en verano puedan estar con su ser querido fuera, con tranquilidad.
Cuidamos juntos también así: dándole a cada residente un lugar donde el verano no sea algo que hay que vivir exclusivamente en el interior, sino un maravilloso jardín que se puede disfrutar, con cuidado, al aire libre.