

Cuidar en Santa Justa no es solo un listado de tareas a realizar. El cuidado en nuestra casa parte de una premisa principal: entender y comprender que a quién cuidamos es una persona. Un ser único, con sus propias historias, deseos y emociones, al que hay que respetar por encima de todo. Es reconocer a la persona detrás de la necesidad.
Este enfoque desde la atención centrada en la persona determina y marca el camino de nuestra forma de entender el cuidado de los mayores, centrándonos en humanizar el proceso del cuidado en todas las etapas vitales.
Esto significa que la atención no debe ser únicamente una respuesta a necesidades físicas, sino un acto humano que valore la dignidad, la individualidad y las historias de vida de cada persona y que transforma el cuidado en un proceso respetuoso, empático y personalizado.
Humanizar los cuidados implica reconocer la individualidad de cada residente y cuidarlo en todas sus dimensiones. Al hablar del cuidado de mayores, muchas veces solemos centrarlo solo en la atención médica o cubrir sus necesidades físicas. Humanizar el cuidado, centrándolo en la persona es también respetar su dignidad, promover su autonomía y fortalecer su bienestar emocional, social y espiritual. Este enfoque requiere de un proceso de escucha activa a los residentes, comprender sus preferencias y adaptarse a sus necesidades particulares.
La atención centrada en la persona requiere tener en cuenta una serie de aspectos clave:
1. La vejez como etapa de plenitud. La vejez es una etapa más en la vida, en la que los mayores aportan conocimientos, reflexiones y aprendizajes y que debe ser vivida con plenitud.
2. Seres autónomos. Respetamos su autonomía y fomentamos su participación activa en decisiones y actividades. Buscamos que los mayores se sientan dueños de su propia vida.
3. Cuidar desde el bienestar. Atender no solo sus necesidades médicas o físicas, sino buscar su bienestar psíquico, emocional y social.
4. Cuidamos juntos. El cuidado es integral, a partir de un diálogo constante entre los profesionales, los residentes y sus familias, que son parte activa en la planificación y gestión del cuidado de sus mayores.
La integración de las familias es una parte fundamental de este proceso. No solo aportan información valiosa sobre las preferencias y necesidades del mayor, sino que también son un pilar emocional básico.
Central el cuidado en la atención a la persona aporta beneficios más allá de lo físico. En este concepto, el cuidado se extiende a lo emocional y psicológico, mejorando significativamente su calidad de vida.
Mejora su bienestar emocional. Al ser tratados con respeto y dignidad, los residentes se sienten valorados y capaces y, por lo tanto, aumenta su autoestima.
Mejora su autonomía. Al tomar decisiones sobre su vida, los mayores se sienten más independientes
Preservación de su dignidad. Al verse respetada su intimidad y al ser reconocidos como individuos con sus propias opiniones y sentimientos.