
Desde el pasado 21 de junio, España vive su primera ola de calor del verano, con avisos rojos y naranjas en la práctica totalidad del país y temperaturas que en algunas zonas han llegado a rozar los 44 grados. Es un buen momento para detenernos y hablar de algo que en Santa Justa tomamos muy en serio cada año: el calor extremo no es solo una incomodidad pasajera, es uno de los riesgos para la salud más importantes a los que se enfrentan las personas mayores.
El cuerpo humano cuenta con mecanismos para regular su temperatura interna, principalmente la sudoración y la dilatación de los vasos sanguíneos. Con el paso de los años, estos mecanismos pierden eficacia: la sudoración disminuye, la sed se percibe con menos intensidad y el cuerpo tarda más en adaptarse a los cambios de temperatura. El resultado es que una persona mayor puede estar deshidratándose o sobrecalentándose sin notarlo a tiempo. A esto se suman otros factores que aumentan el riesgo:
• Enfermedades crónicas, especialmente cardiovasculares, respiratorias, renales o neurodegenerativas, que se descompensan con más facilidad en condiciones de calor extremo.
• Tratamientos con varios medicamentos (polimedicación), algunos de los cuales interfieren con la capacidad del cuerpo para regular la temperatura o favorecen la deshidratación.
• Movilidad reducida, que puede dificultar el acceso a espacios frescos o climatizados.
• Vivir solas, sin alguien cerca que pueda detectar los primeros signos de alarma.
• Mayor fragilidad a partir de los 85 años, edad en la que el riesgo se eleva de forma muy notable.
Por todo ello, el propio Ministerio de Sanidad incluye a las personas mayores, junto con la infancia, las embarazadas y los enfermos crónicos, entre los grupos prioritarios de atención durante los episodios de altas temperaturas.
Según el sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, durante el verano de 2025 se estimaron en España 3.832 muertes atribuibles al exceso de temperatura, un 87,6% más que el año anterior.
Entre ellas el 96% tenían más de 65 años, y más de la mitad superaban los 85. El mes de agosto concentró el mayor impacto, con más de 2.100 fallecimientos, seguido de julio.
Junio de 2025 fue, además, el mes de junio más cálido desde que existen registros en España, y todo apunta a que el cambio climático seguirá intensificando la frecuencia y la duración de estos episodios en los próximos años. Y todavía nos faltan los datos de este año.
Y no hace falta mirar tan atrás: este mismo mes de junio, la primera ola de calor del verano de 2026 ha dejado ya más de un centenar de fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas en sus primeros días, con comunidades como el País Vasco y Cantabria llegando a niveles de alerta roja por peligro extraordinario.
El Ministerio de Sanidad y los servicios de salud autonómicos coinciden en una serie de medidas sencillas que reducen de forma muy significativa el riesgo, especialmente para las personas mayores:
Hidratación
• Beber agua con frecuencia (la ingesta debe ser gradual), incluso sin tener sensación de sed: con la edad, esa señal se percibe más tarde.
• Evitar el alcohol y las bebidas muy azucaradas, que favorecen la deshidratación.
• Aumentar el consumo de frutas y verduras, ricas en agua.
Temperatura y exposición
• Permanecer en lugares frescos, climatizados o con buena sombra, sobre todo entre las 12:00 y las 17:00 horas.
• Mantener las persianas bajadas y usar toldos o ventilación durante las horas centrales del día.
• Evitar el ejercicio físico intenso y reducir la actividad al aire libre en esas horas.
• Vestir ropa ligera, holgada y de colores claros.
Vigilancia
• Prestar especial atención a quienes viven solas, tienen movilidad reducida o toman varios medicamentos.
• Estar atentos a señales de alarma: mareo, dolor de cabeza, piel muy caliente, confusión, debilidad intensa, náuseas o calambres.
• Ante cualquiera de estos síntomas, llevar a la persona a un lugar fresco, ofrecerle agua a pequeños sorbos y refrescarla con paños húmedos.
• Si los síntomas no mejoran en poco tiempo, o si hay fiebre alta, alteración de la conciencia o convulsiones, llamar de inmediato al 112: puede tratarse de un golpe de calor, una urgencia médica grave.
En Santa Justa, el Plan de Vigilancia frente al Calor forma parte de nuestro protocolo habitual durante los meses de mayor riesgo. Reforzamos la hidratación de los residentes, adaptamos los horarios de actividades para evitar las horas centrales del día, mantenemos los espacios comunes y las habitaciones en condiciones de temperatura adecuadas, y nuestro equipo de enfermería realiza un seguimiento especial de las personas con mayor fragilidad o enfermedades crónicas.
Somos conscientes de que muchas personas mayores siguen viviendo en sus casas y el cuidado, en este aspecto, también se hace en compañía. Si tienes un familiar mayor que vive solo, una llamada o una visita estos días puede ser, literalmente, una cuestión de salud.