

Hemos vuelto a participar en el podcast “La SER Conversa”, con uno de los problemas que ocupa a cada vez organizaciones, instituciones y colectivos.
Puedes escuchar la conversación completa pinchando aquí.
La soledad no deseada es un problema que afecta a un gran número de personas, especialmente a los mayores. Se estima que el 20% de los mayores de 75 años la sufren, y de ellos, dos de cada tres llevan experimentándola más de dos años, mientras que un 59% la padecen durante más de tres.
La soledad no deseada es un sentimiento subjetivo y no debe confundirse con el simple hecho de vivir solo. Además, no es un problema exclusivo de las personas mayores; muchos otros colectivos también la experimentan. Sin embargo, con el envejecimiento acelerado de la población, la soledad se está convirtiendo en un desafío demográfico de gran magnitud, preocupando seriamente a los gobiernos europeos.
Como decía Gustavo Adolfo Bécquer: “La soledad es muy bella, siempre que tengas alguien al lado para contárselo.” Esta frase nos recuerda que lo importante no es solo la presencia de personas, sino la calidad de los vínculos que mantenemos.
La Fundación Santa Justa cuenta con más de 100 años de experiencia en el cuidado de personas mayores, en lo que hoy en Europa se conoce como cuidados de larga duración.
Tomar la decisión de trasladarse a un centro residencial es un paso difícil, pero muchas personas, al enfrentar un deterioro en su situación vital y necesitar cuidados constantes, optan por esta alternativa. En Santa Justa, entendemos que nuestro trabajo es uno de los más valiosos: cuidar de la vida humana, especialmente en su última etapa.
No solo acompañamos a las personas en su día a día, sino también en el momento de su despedida. Muchas veces, evitamos que una persona muera en soledad y, al mismo tiempo, apoyamos a las familias en ese proceso. Pero nuestro trabajo no se limita a ese instante final: en la Fundación Santa Justa celebramos la vida a diario. Hay residentes que llevan con nosotros cinco, siete o incluso doce años, y nuestro propósito es ofrecerles una vida digna y plena, con actividades significativas, respetando su identidad, cuidando desde el respeto más absoluto. Y celebrándolo todo.
En Santa Justa creemos en la ética del cuidado, un compromiso basado en la sensibilidad y la atención a los pequeños detalles que hacen que la vida sea más digna y significativa.
Cuidar no es únicamente una responsabilidad, sino una expresión de respeto y amor por la vida. A través de gestos sencillos, de la escucha atenta y de la creación de un entorno acogedor, construimos espacios donde las personas puedan sentirse parte activa de una comunidad. La lucha contra la soledad no deseada es un reto colectivo que solo podemos afrontar juntos, fomentando vínculos genuinos y oportunidades de encuentro para todos.