

Hace unos días tuvimos la oportunidad de conversar y escuchar a diferentes personas, también mayores, en la primera edición de la SER Conversa, dedicada a la soledad no deseada en las personas mayores. Ayuntamiento de Logroño, Gobierno de La Rioja, Teléfono de la Esperanza, Universidad de La Rioja, residencia Santa Justa y varias personas mayores charlaron sobre sus inquietudes, experiencias, propuestas y posibles soluciones a un problema invisible.
Según los datos del INE, en La Rioja viven más de 17.000 personas solas mayores de 65 años. El envejecimiento en los últimos 10 años ha crecido un 27%. La esperanza de vida es cada vez mayor. En La Rioja, 83 años de media, que se eleva hasta los 86 en el caso de las mujeres, y los hombres, que se quedan en los 80 años. Vivir más tiempo supone un reto como sociedad y atajar también ciertos problemas que acarrea esta situación. Se estima que en España un 13% de la sociedad está en situación de soledad no deseada y representa el 1,17% de nuestro PIB (14.141 millones de euros), según el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada. El Teléfono de la Esperanza en el año 2023 recibió más de 7.700 llamadas, el 75% de ellas relacionadas con la soledad y la falta de comunicación.


Sara Alba, directora de Santa Justa, destacó en su intervención varias ideas muy poderosas. “Cuando las cosas se ponen difíciles nos necesitamos unos a otros: familia, amistades, vecinos... Cuando la soledad no deseada se impone la comunidad tiene que dar respuesta, las instituciones también. Pero aquí hay una importante responsabilidad ciudadana de cómo cada uno de nosotros vemos al de al lado. Sabemos si el vecino de enfrente está bien o no está bien, por qué no baja a comprar el pan la vecina del cuarto…Las administraciones deben tener capacidad de unir las iniciativas bien y de que interactúen entre ellas poniendo en el centro al ciudadano, las necesidades de las personas más allá de si son mayores o no. La soledad desgraciadamente se está instalando en el corazón de también nuestros hijos y los jóvenes.”


Cuando las personas están en sus últimos años se encuentran ante diversas circunstancias. En opinión de Sara Alba, “uno debe de vivir en casa hasta que pueda y alargar al máximo la estancia en su en su domicilio y en su entorno. Pero cuando ya eso no puede ser por circunstancias (cada uno la suyas) es cuando se llega a un centro como el nuestro con las esperanzas de que hay mucha vida todavía por hacer y de que estamos vivos”.
“Cuando alguien viene a la residencia, en muchas ocasiones viene desde una experiencia muy dura de soledad y al llegar a casa de repente comparte un espacio más grande donde vivimos 156 personas y trabajamos más de 100 profesionales. En Santa Justa intentamos que este paso sea una magnífica experiencia para las personas que vienen a vivir a casa. Porque es una manera de conocer a otra gente, de compartir experiencias de vida, de estar ocupado, de conversar, de tener actividad y de sentirse vivo todo el día.”
“A esto es a lo que nos dedicamos en Santa Justa y es la principal preocupación que tienen los equipos profesionales: cómo hacer para que las actividades tengan significado. No se trata de hacer muchas cosas para ocupar el tiempo sino de que tengan valor para cada persona. Como individuos nos gustan cosas diferentes. Somos seres individuales, con nuestras propias experiencias vitales y nuestras propias maneras de disfrutar del ocio o de la vida… Tratamos de buscar que esas actividades sean profundamente significativas y a ser posible se puedan desarrollar en pequeños grupos. Vivir muchos en una casa no significa que todo lo tengamos que hacer a la vez y juntos sino ir creando estos espacios de encuentro. No consiste en hacer muchas cosas todo el día para estar ocupados de manera compulsiva. El día también tiene que tener sus momentos de descanso, sus momentos de paz, de silencio, de recogimiento… pero sí que es verdad que solo queremos estar vivos si tenemos verdadera actividad significativa en nuestras vidas.”
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