

En la Residencia Santa Justa creemos firmemente que cuidar implica también acompañar, escuchar, abrazar y compartir. En el mes del Día Internacional de las Familias, celebrado el pasado 15 de mayo, queremos destacar el papel esencial que juegan los seres queridos en la vida de nuestros residentes y en la calidad del cuidado que ofrecemos.
La familia es, para muchos, el eje emocional sobre el que gira su bienestar. Algunas personas cuentan con una familia presente y cercana; otras han perdido a sus seres queridos, viven lejos de ellos o simplemente no mantienen un contacto regular. Sin embargo, hay algo que todos necesitan por igual: el cariño que llega de fuera. Porque tener familia no siempre significa estar acompañado, y no tenerla no significa estar solo.
Aunque los profesionales que trabajamos en casa aportamos seguridad, asistencia y compañía diaria, el vínculo familiar añade una dimensión emocional única que no puede ser sustituida. La visita de un hijo, una videollamada con los nietos, una carta manuscrita o incluso una fotografía compartida… son gestos que llenan de sentido y alegría el día a día de quienes viven en una residencia.
Cuando hablamos de las personas mayores que viven en Santa Justa, la familia (entendida ampliamente) aporta y mucho. Es un pilar fundamental en la forma que tenemos de cuidar.
La conexión afectiva con la familia es una fuente de motivación y autoestima. Escuchar una voz familiar, recibir un abrazo o compartir recuerdos activa emociones positivas y suponen un importante refuerzo emocional.
Las visitas y la participación de la familia ayudan a que los residentes mantengan viva su historia, sus raíces y su sentido de identidad. Refuerza los lazos y en el caso de personas que tengan un deterioro cognitivo, actúa como refuerzo de su memoria y vínculos. Y se crean nuevos recuerdos, en los que compartir, sentir, reír y charlar marcan la diferencia.
Los familiares son los mejores aliados del equipo profesional. Conocen hábitos, gustos, valores y rutinas de la persona, lo que nos permite personalizar la atención y garantizar una mayor calidad de vida, ajustada a cada una de las personas, sus gustos y preferencias.
Sirven como estímulo para los residentes, ya que poder compartir momentos con la familia, ya sea una simple conversación o jugar, escuchar su música favorita o dar un paseo, activa las capacidades cognitivas, emocionales y sociales del residente.
Las puertas de casa están abiertas a las familias: no solo para visitas, sino para construir juntos un modelo de cuidado más humano, cercano y afectivo. Aprovechamos también para dar las gracias a todos los que, con su presencia y compromiso, hacen de Santa Justa también su hogar.