
El pasado 11 de abril celebramos el Día Mundial del Parkinson, que nos recuerda que podemos estar en un punto de inflexión. En España, el panorama de esta enfermedad está dejando de ser una lucha contra lo inevitable para convertirse en un despliegue de tecnología médica sin precedentes.
Existen unos síntomas motores (que tienen que ver con el movimiento) que son los más evidentes. Entre ellos están los temblores, la lentitud de movimiento, la rigidez muscular y la inestabilidad postural o falta de equilibrio. Aunque también existen otros, no tan evidentes, que se pueden manifestar unos años antes. Trastornos del sueño, cambios cognitivos y anímicos, problemas digestivos y la pérfida de olfato, que afectan a nuestra calidad de vida.
En España tenemos alrededor de 200.000 afectados por esta enfermedad neurodegenerativa. Con unos 10.000 nuevos diagnósticos anuales, España es uno de los países con mayor incidencia debido a nuestra alta esperanza de vida.
¿Cómo podemos actuar antes? Uno de los problemas sigue siendo el retraso diagnóstico (hasta 3 años en algunos casos). Por ello, el foco está en la detección precoz para aplicar las nuevas terapias cuando el cerebro aún conserva la mayor parte de su reserva neuronal.
Medicina de precisión: ¿hacia dónde avanzan los tratamientos?
Ya se está trabajando desde la medicina en tratamientos personalizados. Entre los más vanguardistas están la Genética Clínica y la aplicación de Sensores Biométricos.
Actualmente, los neurólogos pueden identificar si el paciente tiene mutaciones en genes específicos. Esto permite recetar fármacos que van directos a la raíz del fallo biológico de ese individuo. Es lo que se conoce como Genética Clínica.
Por otro lado, y gracias a los avances que proporciona la Inteligencia Artificial, se puede monitorizar las fluctuaciones de las personas en tiempo real. Esto permite ajustar la medicación con una precisión quirúrgica, eliminando los periodos de bloqueo o "inmovilidad" que tanto afectan a la calidad de vida.
El futuro puede estar en nuestros genes
La terapia génica busca la reprogramación celular. A través de esperanzadores ensayos clínicos que se están llevando a cabo en España se introducen vectores virales (totalmente seguros) que "instruyen" a las células del cerebro para que vuelvan a producir dopamina de manera natural. Con la idea de frenar la progresión, esta terapia aspira a ser un tratamiento de una sola vez (o de muy larga duración) que detenga el avance de la enfermedad, no solo que oculte los síntomas.
Calidad de vida: el presente
La medicina de precisión y las terapias génicas son el futuro, pero los hábitos de vida nos pueden llevar a mejorar los síntomas hoy.
Ejercicio físico como "neuroprotector"
No es solo por estar en forma; el ejercicio físico adaptado a cada capacidad libera factores de crecimiento nervioso. Estas actividades mejoran la coordinación y "reentrenan" al cerebro, como bailar caminar a paso ligero.
Nutrición para el eje Intestino-Cerebro
La ciencia ha confirmado que el Parkinson podría empezar, en muchos casos, en el sistema digestivo años antes de llegar al cerebro. La dieta mediterránea, la ingesta de fibra para controlar el estreñimiento y la vigilancia de cómo la alimentación ayuda a la absorción de alguna medicación son claves.
Estimulación cognitiva y social
El aislamiento acelera la enfermedad. Por lo que incluir retos mentales en nuestra vida, como aprender algo nuevo, disfrutar de los juegos de mesa o participar en talleres mantiene activas las conexiones neuronales. Y, por supuesto, socializar. Mantener conversaciones y el contacto emocional reduce el estrés, un factor que empeora drásticamente los síntomas motores.
En Santa Justa, tratamos de aplicar los cuidados avanzados con la preservación de la autonomía y de la dignidad. Tratamos de que las personas mayores puedan disfrutar de un paseo, de una charla y de una buena comida y lo combinamos con calor humano.