
Hay conocimientos que no están en ningún libro. Se aprenden en la cocina, mirando cómo lo hace otra persona, y se pasan de boca en boca durante generaciones. En La Rioja, buena parte de lo que se sabía sobre cuidar la salud se transmitió así: por vía oral, de madres a hijas, de abuelos a nietos.
Las personas que hoy viven en nuestra casa son, precisamente, quienes recibieron ese saber y quienes pueden contarlo.
El pasado martes 29 de septiembre nos visitó el Dr. Jorge Collado, especialista en Medicina Interna del Hospital San Pedro e investigador de la Universidad Pública de Navarra y del Instituto de Estudios Riojanos. Nos propuso una actividad con un grupo de residentes.
Está preparando un trabajo que recopila las prácticas de la medicina tradicional riojana. Quiere analizar los saberes populares sobre el cuidado de la salud, sobre todo los que han transmitido oralmente las generaciones mayores. Y para eso necesitaba lo que no se encuentra en los archivos: memoria viva.
La conversación recorrió un territorio amplio:
• el uso de plantas medicinales,
• los remedios de origen animal,
• los remedios caseros,
• las prácticas manuales,
• las oraciones, los ensalmos y los conjuros,
• los rituales.
Son prácticas de un tiempo en que el médico quedaba lejos y la salud se resolvía en casa, con lo que había a mano y con lo que se había aprendido de quien sabía.
Para quien creció con ellos, son remedios que suenan muy familiares y cotidianos: la infusión de manzanilla para el estómago, la tila para los nervios y el sueño, la miel con limón caliente para la tos, la cataplasma de cebolla para el resfriado. Son ejemplos de lo que en muchas casas españolas se preparaba cuando alguien enfermaba, y es el tipo de saber que el Dr. Collado quiere documentar en su versión riojana, con sus plantas, sus palabras y sus maneras de hacerlo. Los recogemos como patrimonio cultural, no como indicación médica.
Participaron con sus recuerdos Ángel De Miguel, María Rosa García, Matilde Sáenz, Pilar Villahermosa, Felisa Del Valle, Felisa Izquierdo, Modesta Alfaro, Nieves Recio, Ángeles Manso, Nati García y Angélica Calvo.
Cuando alguien llega a una casa como la nuestra, a veces se piensa que lo que tiene que contar pertenece al pasado. Esta tarde demostró lo contrario. Quienes conservan estos saberes no son solo receptores de cuidados. Son quienes saben cuidar, y lo saben desde antes de que se hablara de protocolos.
Que un investigador se siente a escucharles, tome notas y les pregunte cómo se hacía es una forma de decirles algo que merece oírse: lo que usted sabe importa, y alguien lo va a guardar. Su conocimiento importa y merece ser preservado.
En Santa Justa llevamos décadas siendo parte de Logroño, y este tipo de encuentros nos recuerdan que esta ciudad también está hecha de lo que cuentan quienes viven aquí.
Cuidamos juntos también así: dándole su sitio a la memoria y a la experiencia de cada persona.