
La mitad de la población española tiene más de 45 años. En el año 2050, los 2 lugares de Europa con la población más envejecida serán Asturias y Castilla León. En España, a día de hoy, más de 9 millones de personas tienen más de 65 años, cerca de 1 millón, los 80 años y aproximadamente 16.000 superan los 100 años. Cómo envejecemos con calidad de vida es la gran cuestión.
Tendemos a pensar que envejecer es un proceso que empieza a los 65 o 70 años. Sin embargo, como bien señala el Dr. Leocadio Rodríguez Mañas, jefe de Geriatría del Hospital de Getafe y experto mundial en la materia, el envejecimiento biológico arranca mucho antes, hacia los 25 o 30 años. Al principio es invisible, pero ya empezamos a consumir nuestra reserva funcional, que es la capacidad que tienen nuestro organismo para responder ante pequeños problemas del día a día. Un catarro, una caída, un disgusto… no se afrontan igual a los 40 que a los 70 años.
Rodríguez Mañas define la fragilidad no como una enfermedad, sino como un estado de vulnerabilidad. No todas las personas llegan a la misma edad en las mismas condiciones. Prevenir y tratar pequeñas causas que pueden convertirse en problemas nos hacen fortalecer. Pero si se está en estado de fragilidad, un evento significativo puede hacer caer en la discapacidad.
La especialidad de medicina geriátrica tiene carácter preventivo, no reactivo. Busca detectar ese estado de "pre-fragilidad" para devolverte la robustez. Y lo hace a través de una valoración global: no sólo física, sino también mental y social, entendiendo que envejecer no es una enfermedad sino un proceso fisiológico y natural que tiene que ver con la senescencia. La senescencia es el deterioro del funcionamiento de nuestras células, lo que provoca inflamación. Y envejecer es un proceso inflamatorio. Mantener las funciones más allá de tratar enfermedades es de lo que se ocupan los geriatras. Mantener la autonomía es el verdadero éxito.
La fragilidad se combate con una Valoración Global Integral. No basta con mirar el corazón; hay que mirar el humor, la memoria y el entorno social. Aunque la herramienta más potente de todas la tenemos a mano, es el estilo de vida.
1. Actividad física diaria: Es el pilar para mantener el músculo y la función cognitiva.
2. Controlar a los "aceleradores": La diabetes, la hipertensión o la artrosis son enfermedades que, si no se controlan, consumen tu reserva funcional a toda velocidad.
3. Actitud ante la brecha tecnológica: Mantenerse conectado intelectualmente es vital. La brecha se está rompiendo (cada vez más mayores utilizan Internet) y hoy el acceso al conocimiento es una herramienta de salud.
Hoy vivimos mucho mejor: no solo en el aspecto físico, sino también intelectual y cognitivo. Nuestros intereses son mucho más ricos que 30 años atrás. Por eso, no debemos esperar la pérdida de autonomía para ponernos manos a la obra. La geriatría moderna nos enseña que lo importante no es vivir más años (mortalidad), sino vivirlos con calidad, es decir, sin discapacidad.