

Así que Barcelona le supuso una clara influencia en la arquitectura contemporánea, además de sus viajes por Italia, Alemania, Austria y Francia, y con la formación de una rica e importante biblioteca, que conservaba en su estudio de la calle logroñesa Once de junio. Se instaló en Logroño para ejercer la profesión y se convirtió en el arquitecto más fértil e interesante de la primera mitad del siglo XX en La Rioja, aunque su trágica y accidental muerte en el aeródromo de Agoncillo en 1937 cortó una brillante carrera profesional.
Ocupó varios cargos profesionales como académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, arquitecto municipal de Miranda de Ebro (Burgos), arquitecto municipal de Logroño y un año antes de su temprana muerte, arquitecto de la Diputación Provincial de Logroño. Proyectó un importante número de edificios y conformó diferentes planes de urbanismo en las ciudades de Miranda y Logroño.
La obra de Fermín Álamo comenzó con matices más modernistas, más historicistas después, terminó en el racionalismo tanto en edificios destinados a servicios públicos como a viviendas.

Una fachada icónica

Plano original del edificio antiguo
Aunque algunas de sus obras han desaparecido, la huella del arquitecto más reconocido de Logroño, junto con Luis Barrón, aún queda presente en la ciudad. Desde su intervención en La Gota de Leche y en las escuelas Daniel Trevijano, hasta la Plaza de Abastos (Mercado de San Blas) o el actual Seminario Mayor de Logroño (conocido en la época como el Edificio de los Padres Misioneros del Sagrado Corazón) frente a nuestra actual casa en Avenida de la Paz, y diferentes edificios de viviendas por toda la ciudad.

Plano de la antigua guardería

Alzados interiores y exteriores